miércoles, 21 de octubre de 2009

NUTELLA


- Ocurrió en 1946, en Alba, una pequeña localidad del Piamonte famosa por su trufa blanca. La segunda guerra mundial había terminado y la crisis económica que vino después provocó escasez de muchos alimentos en toda Europa. Tras haber fracasado en el primer intento de abrir una pastelería en Cuneo, una localidad más grande que daba su nombre a la provincia, Pietro y Giovanni Ferrero decidieron abrir una pastelería. Juntos idearon una alternativa para elaborar chocolate a pesar del escaso cacao: recuperar la gianduia.

La gianduia había nacido más de un siglo antes (1806) también en el Piamonte y en circunstancias similares. El bloqueo económico ordenado por Napoleón a los productos que exportaban los británicos había provocado una gran escasez de cacao. Su creación se atribuye a unos pasteleros turineses que sustituyeron parte del cacao por la más barata avellana del Piamonte. El chocolatier Michele Prochet, en colaboración con Caffarel, perfeccionó la receta en 1852 tostando las avellanas y moliéndolas hasta llegar al gianduiotto: el bombón de gianduia.

Pietro y Giovanni crearon un chocolate en barra con alto porcentaje de avellanas. Un chocolate barato, asequible para cualquiera. En un primer momento se llamó pasta gianduia. Las pequeñas barras se vendían envueltas en papel de estaño y las madres acostumbraban a darlo a sus hijos dentro de un trozo de pan. El problema era, como es lógico, que muchos niños solían tirar el pan y comerse sólo el chocolate. Así, en 1949 llegó la gran idea: la Supercrema Gianduja, una crema de chocolate que se podía untar en el pan. El éxito fue tal que muchas tiendas pusieron en marcha un servicio llamado algo así como “el untamiento”: muchos niños acudían con su trozo de pan para que se lo untaran con la supercrema.

Michele Ferrero sucedió en la comercialización de los productos a su tío Giovanni, quien había fallecido ese mismo año. Él convirtió a la empresa en la multinacional que es hoy en día. Con él al mando, en 1964 la supercrema pasó a llamarse Nutella. Leche, cacao, avellanas y azúcar (obviamente la Nocilla nació unos años más tarde y se inspiró en la Nutella). En 1968 nació Kinder y en 1982 Ferrero Rocher.

Según el Reputation Institute, Ferrero es la cuarta multinacional en el ranking de reputación mundial, superada únicamente por Toyota, Google e Ikea. El grupo está actualmente en treinta países y Michele Ferrero se ha convertido, según la revista Forbes, en el italiano más rico.

A pesar de que los Ferrero se dividen entre Bruselas, Mónaco, Capo Ferrat y Alba, toda la familia se reúne dos veces al año en Alba: el 29 de junio, por la fiesta de San Pedro y San Pablo, recordando en la catedral de Alba al fundador, Pietro, a su mujer Piera, y a su hermano menor , Giovanni, unos días antes de Navidad, cuando se celebra la reunión anual con los empleados.

Si algún curioso quisiera ver a la familia Ferrero en pleno, podría acercarse donde se reúnen a comer: en el restaurante Piazza Duomo de los hermanos Ceretto o en el reconocido con tres tenedores por la Guía Michelin: La Ciau del Tornavento, en Treiso, a siete kilómetros de Alba.

A día de hoy la Nutella sigue siendo un producto natural, sin conservantes, colorantes ni grasas hidrogenadas. En Italia no existe un niño que no la haya probado.






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